viernes, abril 04, 2008

Una vez vi, en un documental,
cómo unas hienas hambrientas se comían a pedazos a un buey vivo.
Yo tenía cinco años, me parece, o algo así.
Después, durante mucho tiempo (esto quiere decir durante años, en la noche, mientas estaba estudiando en el colegio, mientras me masturbaba, siempre)
sentía, inexplicablemente sentía
que ese buey masacrado
era yo.

Y ése, supongo, fue el extraño principio del infierno.

5 comentarios:

anais dijo...

Todos tenemos esos pequeños infiernos.

El tuyo, arrancó con un documental.

El mío, con un serie qeu vi en canal 9. Se llamaba COMPAS DE ESPERA, y contaba la historia de una pianista judí que era levada a un campo de concentración.
Estuve mese sin poder dormir.

Todavía me siento en su lugar.

No soy judía, pero esa discriminación, ese desprecio y toda esa humillación la siento, la sentimos a cada momento.

P.

Serena dijo...

Durante la infancia somos esponjas. Absorbemos y absorbemos y no filtramos. Y las impresiones de la infancia duran toda la putisima vida.
No se si te interese, porque además no es justamente de las mejores obras a nivel literario, pero hay un historial, un caso clínico de Freud de los más conocidos, "El hombre de los lobos", que es un ejemplo de esto. Te lo recomiendo.

Serena dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pedro Kuy dijo...

Anais, deberíamos escribir a cuatro manos un ensayo que se llamara: La puta televisión en nuestras vidas. Yo contaría mis noches de infancia trasnochada, cuando con mi hermano nos quedábamos viendo, por canal 9 también, "Combate" o viendo "Dos contra el mundo" o, más adelante en el tiempo, viendo "Las gatitas y ratones de Porcel"!!!!
También recuerdo que mi vieja en una época estaba estudiando de noche y nos hacía dormir temprano antes de ir al colegio. Mi hermano y yo, con finísima paciencia, nos hacíamos los dormidos durante veinte minutos y, cuando mi vieja se iba, nos levantábamos para mirar la Pantera rosa.
Y vos, en ese posible ensayo, qué contarías vos, Anais?


No conozco el caso que mencionás, Serena. Gracias por el dato.

anais dijo...

De chica, no vi mucha tele. Tampoco había mucho para ver, solo cinco canales que transmitían de 12 a 24, más o menos. Empezaban con un sermón y terminaban con otro. A la tarde, mientras miraba no recuerdo en qué canal los dibus de la Warner Brother, me llegué a comer, yo sola, medio kilo de bizcochitos de grasa, con un tazón de matecocido de leche (sí, porque era la leche hervida con la yerba adentro y colada, no tolero la leche con agua)

De un poco más grande, mis mejores madrugadas las pasé frente a la pantalla de Canal 7, viendo las pelis en Blanco y Negro, en idioma original, que pasaban en la trasnoche que era toda un novedad.
Yo también miraba Combate, pero en Canal 2, y a las 19. COmo ya te conté, supercompinche con mi viejo, como no ver Combate. El llegaba del trabajo, y mientras tomaba mate con mi vieja que rezongaba porque mirábamos esas cosas de guerra, yo miraba esa serie sin entender como un norteamericano podía matar, con solo un disparon, como a diez alemanes.

Bueno, si me acuerdo de alguna otra cosa interesante, vuelvo.